El más terrible de los tsunamis
Por Mariano Gómez, delegado de Cruz Roja Española en Kenia.
Si la aventura africana es de por sí apasionante y compleja con todo lo que ocurre en ella, el cuerno de África ofrece una amalgama de culturas, tradiciones y ecosistemas difícil de superar en variedad y emoción. En esta región, como muchas otras, la mayor parte de la población rural vive de la agricultura de subsistencia, y las lluvias son el indicador más fiel para valorar el bienestar de muchas familias. Estas lluvias finalmente no llegaron y como resultado la región se vio sacudida por el más terrible de los Tsunamis: el del hambre.
Millones de personas en busca de agua, de refugio, y de algo que llevarse a la boca, tras la pérdida de sus escasos bienes. Con tasas de malnutrición infantil superiores al 30%, vergonzantes en un mundo de abundancia, la mayor parte de los afectados unieron su desdicha a la guerra que se perpetúa en Somalia. En septiembre de 2011, tras la declaración de hambruna, me embarqué como delegado de Cruz Roja para la emergencia alimentaria del Cuerno de África. En esta ocasión iba acompañado por mi mujer e hija (de apenas 4 meses cuando llegamos), con lo que la misión encomendada era excepcional y complicada para nosotros.
A través de la Cruz Roja y Media Luna Roja de Kenia, Djibouti, Etiopía y Somalia, desde el inicio de la crisis, los delegados hemos ido apoyando a la población afectada con distribuciones de agua potable, materiales de primera necesidad, promoción de higiene, construcción de instalaciones de agua y alimentos para escolares en riesgo de malnutrición severa, y decenas de miles de personas han visto aliviada su situación gracias a la intervención humanitaria de Cruz Roja Española. Además, en Kenia, donde se encuentra el mayor campo de refugiados del mundo, con una población cercana a los 500.000 habitantes, en su mayoría Somalíes, se desplegó una Unidad de Cuidados Básicos de Salud con capacidad de asistencia médica a una población de 15.000 refugiados, especialmente los “fugitivos” del hambre, que dejaron su país en 2011. En Dadaab, las condiciones de vida son extremas, aunque los refugiados tienen aseguradas sus necesidades básicas como agua, alimentos, acceso a centros de salud y educación. La Cruz Roja de Kenia se encarga de una de las extensiones del campo, con 30000 refugiados y, entre otros resultados, han logrado hasta ahora tratar con éxito a más de 2.500 menores de 5 años de malnutrición aguda. Una gran lección de determinación y profesionalidad de nuestros colegas kenianos. Lamentablemente, desde Octubre de 2011, tras los secuestros de las cooperantes españolas en el campo, a los delegados de Cruz Roja Española no nos ha sido posible ir a los campos, y la mayor parte de los cooperantes no pueden ejercer su labor allí, una circunstancia que ha influido negativamente en la canalización de la ayuda, pero en definitiva, estamos allí, a través de los 96 profesionales de la Cruz Roja de Kenia que se dejan la piel cada día en los cálidos y secos parajes de Dadaab.
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