Lo que de verdad importa
Hace unos días asistí invitado a un Congreso celebrado en la Coruña -el tercero que se celebraba en España a impulsos de la Fundación Telefónica- y que obedecía a un nombre muy curioso.
Y este nombre que era “LO QUE DE VERDAD IMPORTA”, resulta que por su indefinición y por que hoy en tiempos de rabiosa y desbocada crisis nos importan muchas cosas y la primera es, la forma de salir de esta sima en la que nos hallamos, despertaba una atrayente curiosidad que nos llevó a participar como espectadores a muchos concurrentes.
Entre estos abundaba en gran medida la juventud de ambos sexos y menos, las personas mayores que deseábamos saber cual era el secreto de tan extraño lema.
Su estructura era la siguiente:
Aparte de la Directora del Congreso, de los Patrocinadores, de la consabida Autoridad y de la Mantenedora del Acto, en un discreto aparte del estrado, tres Ponentes que eran los verdaderos protagonistas -a los que sin rubor podíamos llamar Imponentes- y que se explicaban con alegre y juvenil soltura, dominaban con su razón, lo que podemos denominar la “cancha”. O si lo decimos al modo de los jóvenes romanos o atenienses, le llamaríamos el Agora o la Palestra. Porque desde allí supieron dar una justa lección y un atisbo de esperanza a quienes irremediablemente hemos de nominar como la “ generación perdida”
Estos eran, Miriam Fernández, Pau Garcia-Milá y Norberto Ortiz, conocido vulgarmente por Bertín Osborne.
Miriam, muy recuperada de una parálisis cerebral, exceptuada la rehabilitación de la movilidad que le obliga a utilizar andador, pero que supo vencer todas las barreras –como decía ella, incluso las mentales- para dedicarse a la canción y ganar el premio televisivo “Tu si que vales”
Pau García-Milá, joven emprendedor creador a los 17 años –hoy tiene 24- del sistema informático “eyeOS” pionero en el desarrollo del “cloud computing” que compite con gigantes de la informática como Google o Microsoft.
Y Bertín Osborne, quien mostró el lado más humano al explicar el cambio que se produjo en su vida a raíz del nacimiento de Kike, su primer hijo, afectado por parálisis cerebral.
Y como decidieron él y su esposa el comprometerse y ayudar a personas en su misma situación, mediante le “Fundación Bertín Osborne” la cual ofrece asesoramiento y alternativas para padres e hijos.
Y es curioso; allí en aquella lección pedagógica todo el lenguaje, la expresión, los argumentos, todo; fueron positivos.
Por ejemplo, no se mencionó en absoluto, aquello que a nosotros nos preocupa, que es la droga.
Se dice que el silencio, habla; que lleva implícito el mensaje. No hacia falta. Por que allí se partía de cero y se enaltecía la virtud.
Se explicaba como una chica discapacitada, con tesón y voluntad fue capaz de vencer los más grandes obstáculos. Y hasta para halagar a los presentes interpretó una de las canciones de su primer single.
O como un joven preparado con la ayuda de un amigo, emprende una tarea que le conduce a la cima de la fama, a base de combinar el estudio y el trabajo. Y publicar después el resultado.
O también, como un padre, relativamente joven, se ve obligado a mudar la ilusión de ver sano y normal a su primer hijo, en la frustración de verlo aquejado de parálisis cerebral. Con la consiguiente adaptación hacia los modos formativos, para acercarlo a la normalidad. Siempre con la ayuda inestimable de la madre.
En esta jornada no se trataba de prevenir ni a nadie ni de nada. Ni de desintoxicar tampoco. Porque lo que se pretendía era, dar y recibir esperanza. Y los destinatarios, todos jóvenes en el pleno ejercicio de su libertad, acudieron a colmar el espacioso recinto de Palesco, o sea, del soberbio Palacio de Exposiciones y Congresos de esta ciudad
Con la idea, seguro, de que su frustración de hoy, que ya viene de anteayer, se vea algún día transformada en la ilusión de ser útiles a la sociedad. Por supuesto, dejando al margen falsos paraísos.
Yo, tengo que decir que lo pasé muy bien entre aquella juventud totalmente entregada, que rubricaba los silencios de los actores, con espontáneos aplausos.
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